miércoles, 25 de marzo de 2009

AL FILO DE LA CANASTA.



ROMPIENDO ESQUEMAS.

Seguramente serán Vds. conocedores de la historia de las torres desmochadas en nuestra querida ciudad, allá por el año 1.465 al 1.479, conflicto denominado guerra de sucesión castellana, división de opiniones entre la reina Isabel y su sobrina Juana (la Beltraneja), por ver quien regentaba la corona de Castilla. Bueno, para el que no conozca la historia, brevemente les detallo el desenlace (que es lo que viene al caso) de tan exagerado castigo, pues a los nobles de esa época, le podían cortar lo que fuera necesario, pero ¡las torres!, eso no, por Dios, que deshonor. Como en todos los enfrentamientos, había seguidores de ambos bandos y claro, los perdedores fueron los de la Beltraneja, en esta ciudad, la mayoría seguían a la Sra. Juana, por lo tanto Dña. Isabel decidió que algo debía cortar a quienes no la habían secundado, de un tijeretazo, desmochó a diestro y siniestro las torres enemigas y gracias que quedó una. Pues bien, esa única torre, me servia platónicamente para divisar desde ella todo cuanto acontecía en nuestro ambiente de la canasta cacereña y el pasado viernes, dos inquisidores contemporáneos vestidos con sus atuendos monacales, enviados por, no se quién y seguidos por un ejército de bravos guerreros alicantinos, consiguieron a base de silbato romper las filas defensivas de esta, nuestra noble Plaza, internándose descaradamente y sin pundonor hasta las puertas de mi querida torre, con la clara intención de desmochar y derrumbar toda la construcción, incluidos los estandartes que cuelgan de lo más alto. Perversa estratagema, que por poco, no consiguieron los rufianes inquisidores, si no es porque al final, se terminó el tiempo y bajo una lluvia de periódicos, abandonaron nuestro territorio, ya con el daño hecho, en un apresurado caminar, bajo la atenta mirada de nuestro Sr. Hurtado, que vigilaba de cerca su huida, mientras estos individuos, apretaban las nalgas para evitar tragedias mayores. Pero lo peor, fue escuchar en plena batalla, el himno chocolatero tocado por nuestra propia banda, cuando la moral de los nuestros arrastraba por los suelos. Por un momento pensé, “Traidor”, tenemos un espiquer traidor, pero no, después me di cuenta que se trataba de la necedad del que no atiende su trabajo centrado en la normalidad, pues seguramente, también a él le había sacudido la desazón, desequilibrando en esos momentos su lucidez en la intención de disimular los rayos y centellas que salían en esos momentos de la plebe enfervorizada.

Y desde luego, bien sabíamos a quien nos enfrentábamos, pues refrendaban los levantinos números en la tabla que les delataban como los mejores. Desgraciadamente para nosotros, alguien rompió los esquemas con malas artes, ninguno de los dos contrincantes, merecían tal actuación arbitral y eso que a tres minutos del final, el Sr. Quintana (técnico visitante), se aflojó la corbata, ya que incluso cuando los inquisidores comenzaron a hacer de las suyas, él no las tenía todas consigo.



GUARDIAN DE LA TORRE.

3 comentarios:

Alvaro dijo...

Sobresaliente Guardián, desde tu torre se debe ver todo muy bien, por eso veo justo el tirón de orejas a los arbitros, a la actuación de algunos jugadores del Alicante y a nuestro speker. Los nuestros una vez más dieron todo, incluido nuestro maravilloso entrenador, le pese a quien le pese.

Anónimo dijo...

Pues a los árbitros del otro día habría que cortarles otra cosa que no fuera precisamente la cabeza, que par de sinvergüenzas. El Alicante es un gran equipo, por eso está donde está pero no necesitaban de la ayuda que estos dos necios le dieron.

Taburete dijo...

Muy bueno guardián, la descripción que has hecho de como nos trataron los sinverguenzas de arbitros que nos mandó la FEB, que por cierto deberían hacer algo con esta gentuza.
Espero que lo que ganaron el otro día en el partido, se lo gasten en medicina.

¡ Aupa el Cáceres!